Sempiterno
¿Cuándo?
Es la simple pero interminable pregunta que viaja por cada rincón de mi mente en todo momento.
¿Cuándo?
Me acecha cual depredador experimentado esperando las condiciones justas para su sorpresiva embestida.
Las condiciones son inmejorables desde hace tiempo y esta pregunta me está cazando día y noche, sin mencionar el insaciable apetito de la bestia.
¿Cuándo?
Comenzó como un simple planteo de la criatura más inocente y maduro a una velocidad exponencial, convirtiéndose en un problema indescifrable del ser más complejo.
¿Cuándo?
En su origen el consuelo de la finitud, la certeza de que un día acabaría. En su continuo desarrollo la desesperanza de la incertidumbre, el miedo de que ese día quizás nunca llegue.
¿Cuándo?
La racionalidad parece perder la batalla, perdida en el laberinto de los sentimientos y, cede así, lugar a la impulsividad, patrona del autoengaño y facilitadora del arrepentimiento.
¿Cuándo?
Eufórico está el debate en el democrático Senado de Pensamientos. Temerosos y sumisos se han de quedar con la entrada triunfal del Emperador Orgullo. Se acabó el Congreso y libertad de pensamientos, solo una gran personalidad es capaz de ordenar los sentimientos.
Parece ser el comienzo de una nueva era y el fin del tormento. La metrópoli de sensaciones clama por el nuevo Imperio, mientras el sabio suspira a lo lejos… “Cómodo, el hijo de Marco Aurelio”.
¿Cuándo?
La época dorada duró poco, acabó ante el primer recuerdo. La bestia se hizo más grande y la cacería comenzó de nuevo.
¿Cuándo?
Mi único aliado, el tiempo, se ha vuelto un desconocido. Por más que intente salir del laberinto acabo una y otra vez en el principio.
¿Cuándo?
El planteo ya es demasiado complejo, probablemente un misterio no resuelto. Y por más que se haya cerrado y archivado el caso, en la memoria siempre vivirá ese ¿Cuándo?
¿Cuándo dejó de ser presente y se convirtió en pasado?
Kenopsia
De repente la realidad golpeó mi puerta de manera brusca. No es más que el viento que se filtra a través de las imperfecciones del edificio. Está comenzando agosto y, aunque la tarde es cálida y los rayos del sol penetran en el departamento como abrazos de reencuentro, las protagonistas ventadas del mes recuerdan que aún estamos en invierno.
El cansancio consume mi cuerpo, devorando cualquier iniciativa de actividad. Pasaron semanas, sino son meses ya, y el doloroso recuerdo no me deja escapar. Está ahí, presente, en cada detalle, en cada objeto, en cada color, en cada sonido y en cada uno de mis movimientos.
Mi departamento está en el centro. ¡Ah! Cómo duele decir “mi” y ya no “nuestro”. Es domingo y reina el vacío al entender que será un día más sin tu reencuentro.
A punto de pasar desapercibida, una disimulada sonrisa se dibuja en mi agotado rostro. Una pregunta cruza mi mente, una pregunta que lo cambiará todo.
¿Cómo puede en un espacio tan pequeño convivir todo un universo?
La pregunta es desafiante, como un valeroso ejército que se encuentra en gran desventaja ante su enemigo. Sabe que inevitablemente perderá la batalla pero aún queda la nobleza por defender el orgullo.
Y así vuelven invasivamente las preguntas que me acosaron día, tarde y noche durante meses. No hay respuesta que logre saciarlas, no hay verdad que logre callarlas.
Una lágrima inocente se asoma pero no lo permito, aún en soledad exponer el dolor me resulta patético. Poca ignorancia la mía que no entiende de caminos, mas el buscar atajos nunca te llevará a ningún destino. Estoy atrapado y es por propia decisión.
Tengo sed y hambre de olvido, solo me alcanza con caminar diez pasos para ir desde mi dormitorio en busca de una botella de vino. No tardo en elegir una etiqueta destacada, una cepa malbec bien conservada, copa en mano y a descorcharla.
Me apoyo sobre la barra, copa servida, la miro fijamente. Ya comencé a oler su ternura.
Ella está ahí, al frente de mí, con una sonrisa nerviosa aunque poco se le nota. Era nuestro primer encuentro, imagínense el ambiente, los nervios de fallar y la ansiedad por descubrimiento.
Nos encontramos cenando en un conocido restaurant alejado de la ciudad. El lugar es realmente elegante, invita a mantener siempre las formas. Su techo blanco totalmente iluminado y sus paredes negras dan la sensación de transparencia con el toque justo de secreto. El ambiente mantiene una combinación perfecta para un primer encuentro, ese toque correcto y cordial que convive con lo excitante y sensual del momento.
Hice mi todavía sencillo ritual de catador mientras ella observaba con atención cada palabra y cada movimiento. Lo que nunca supo es que mi apreciación no estaba centrada en el vino sino en su persona. Todo lo que expresaba no era más que lo que ella generaba. El cuerpo, la temperatura, el aroma, el sabor…
Brindamos por el encuentro, no entendíamos cómo se había dado pero no hacía falta reconocer que ambos estábamos felices por habernos animado.
Abro los ojos, me encuentro nuevamente solo. Muy dulce recuerdo, bastará con un trago amargo para no retenerlo.
Tomo la copa y me dirijo al sillón, me tiro en el mismo, rendido. Solo tengo fuerzas para encender la televisión pero no hay entretenimiento alguno. Apago la televisión. Está oscureciendo y no solo afuera, es también un sentimiento interno.
Empiezo a divagar por mi biblioteca hasta que encuentro un gran libro. Por su lomo debe ser al menos el triple de tamaño que los demás. No tiene título alguno en ninguna parte. No hay que ser amante de la literatura para entonces decidirse abrirlo, la curiosidad es un don innato de todos y cada uno.
Por su aspecto pareciera que nunca se ha leído, varias páginas en blanco hasta que aparece una foto seguida de un texto descriptivo. La secuencia se repite a lo largo y ancho de este pequeño mundo y cuando caigo en cuenta estuve más de dos horas viendo y estudiando pinturas de Latinoamérica y su significado.
La botella está casi vacía, mi mente un tanto aturdida y confundida. Ya no me es posible leer las líneas pero las imágenes están más vivas que nunca.
De repente una pintura llama especialmente mi atención. La obra es de Emilio Renart y se identifica como “Proyección cósmica”. Es una especie de luna surgiendo de una escala de grises que van de lo oscuro a lo claro, pareciera ser lo que es una invitación a observar un cielo perfectamente estrellado. No soy artista, mucho menos crítico, si es que hablar en lugar de hacer puede considerarse un escalón superior, pero entiendo que lo abstracto me ha llevado a un plano real en mi imaginario y es entonces que si el arte ha generado, entonces el arte lo ha logrado.
En camino de ruta viajamos, ella a mi lado, atrás y delante nadie y por encima de nosotros la luna blanca y las estrellas bailan. Es verano y la noche acompaña. La música suena de fondo y nuestras expresiones lo dicen todo. Vamos camino hacia un rústico hotel en el monte, ya fueron varios los encuentros pero a partir de esa noche todo será diferente, es cuando yo propongo y ella dispone.
Los minutos se hacen cada vez más intensos, estamos llegando. ¿Quién dará el primer beso?
Entramos en la habitación y analizamos el contexto, no estamos seguros de estar ahí pero a la vez queremos hacerlo. Lo que sucederá aún es un misterio, por lo que estamos ansiosos pero nos tomamos el debido tiempo.
La habitación es más bien como de una cabaña, bien rústica y construida de madera aledaña. No tiene lujos pero no importa, el lujo es estar ahí y ahora.
Se encuentra de espaldas hacia mí, mirando indecisa la cama. Instintivamente me acerco, la abrazo por detrás y le beso el cuello. Ella en mis brazos se relaja, era el permiso que necesitaba. Esa noche dejé de ser aquel caballero y ella la correcta dama.
Absorto me encuentro mirando mi cama, ahora está vacía y ya no hay nada. Me recuesto y me quedo pensando, no estoy muy lúcido, sí un poco borracho. Me doy cuenta de que ese fue el momento, cuando fuimos uno y dejó de ser un juego.
Otra vez el drama, me levanto y voy al baño a mojarme la cara. Miro mi reflejo, es el mismo espejo donde yo me afeitaba y ella su pelo cepillaba. Es el mismo espejo frente al cual me abrazaba y sin controlar sus impulsos me besaba. Es el mismo espejo donde ahora me encuentro solo mirando nada.
Comienza el infierno, las llamas del recuerdo no se apagan, están creciendo a paso rápido y si no las controlo quemaran mi alma. Los fantasmas me persiguen, están en todos lados. ¿Cómo puede ser que en un ambiente tan pequeño caben tantos años?
La noche avanza decidida y se lleva mi orgullo, las lágrimas ya acarician mis mejillas y en mi tristeza me zambullo.
Estoy tirado en el suelo, los ojos húmedos y apenas despiertos. Desde el balcón se puede apreciar la primera luz del día, está amaneciendo, tan pronto, quién lo diría.
Miro mi departamento, aquel lugar que fue mágico durante mucho tiempo. Ahora pienso mientras me quedo dormido… la magia de este lugar por siempre se ha ido.
Exulansis
Mi sueño se interrumpe por un sonido familiar pero no así grato. Me están llamando. Decido ignorarlo pero instintivamente atiendo cuando recuerdo el día, es lunes. ¡El trabajo!
Un compañero de la oficina me reclama preocupado pero no es por la carga laboral pendiente sino por mi atraso. Me conoce hace tiempo y sabe que cuando se trata de responsabilidad no fallo, no duda que algo me está pasando y muy a pesar mío decide acercarse esa misma tarde a mi departamento a averiguarlo.
El encuentro fue breve, no tenía ánimos para recibirlo y conversar. Estaba seguro de que no entendería por lo que estaba pasando. Él tampoco parecía apresurado y muy tranquilo me dejó una libreta al tiempo que extendió una invitación a su humilde campo. Me dijo que en el trabajo ya estaba todo hablado y que no perdiera tiempo en ir si a mi problema quería solucionarlo. Un último detalle aclaró antes de marcharse, iría solo, no habría nadie y no debía de olvidarme la libreta la cual tendría que leer si pretendía sinceramente superarlo.
Esa misma tarde partí según las indicaciones. No tenía un por qué claro, solo necesitaba escaparme.
Quizás fue el día, tormentoso y frío, el cual incentivo esta acción. Quizás fue el recuerdo, siempre presente y demandante, quien motivó este deseo. Quizás fue el momento, solitario e introspectivo, el responsable de la decisión. Quizás, solo quizás, simplemente fue el destino el que forjó este encuentro.
El atardecer se avecina sin sospecha alguna pues la negrura del día destaca por su matiz de grises ocultando cualquier cálido de luz. Lo único que brilla es el frío por su presencia, el aire fresco no da tregua y en las calles no se ve ningún valiente que se atreva.
Me encuentro en la sala de estar del campo al que extrañamente fui invitado.
Sentado solo en el único sillón de frente a la chimenea, veo de manera hipnotizada como prende la leña. El fuego está de fiesta, la danza de las llamas perfectamente coordinadas y el sonido de su canto me enamoran, quisiera tocarla pero a veces el amor quema.
Mis manos están en intimidad con una taza de café, la cercanía y contacto que mantienen proporcionan el calor necesario y cuando este toca mis labios el frío queda olvidado, mi cuerpo renace y aprecio la soledad por un rato.
De repente veo esa libreta, un poco sucia y con las páginas amarillentas. Los quizás vuelven a mi mente y me invaden, hay muchas dudas y pocas certezas. Solo una cosa es clara, debo leerla.
Un último sorbo del café, un último renacer. El fuego sigue de fiesta, dejo la taza a un costado y me pongo la libreta sobre las piernas. Observo que la caligrafía es una cursiva destacada y por la tinta fue escrita con pluma y gran delicadeza. Estoy decidido a leerla y no fueron más de cinco segundos lo que le tomó a la libreta convertirme en su presa.
25 de mayo de 1810
Tierra Nueva y Libre de las Américas
Oíd el canto de las masas, el cambio está cerca, el mundo hablara de este momento, los reyes temblarán ante este suceso, Dios nos acompaña.
El tumulto no cesa, cada vez son más los presentes en la plaza. La misma plaza donde se festejó en dos ocasiones que un extranjero no se entrometiera, pero esta vez la sensación es diferente, ahora sí, el grito clama la real independencia.
La libertad es el himno de este nuevo pueblo. El progreso es la promesa de esta nueva tierra. Observen la paz que llega, fueron más de tres siglos de tiranía y sometimiento, de falta de identidad y secuestro de cultura. Observen la paz que llega pero si tan solo alguien advirtiera que este grito no es más que el principio de una feroz y sangrienta guerra.
Querida Francisca, mi rebelde aristócrata, pronto iré a Córdoba, ciertamente esta misma noche, fingiendo mi descontento. He encontrado la manera de verte y alcanzar tu altura, pues más el Virrey Cisneros me ha encomendado, junto al joven José Melchor Lavín, a llevar las nuevas noticias solo por mostrarme fiel a la corona y proclamar lo infame de la Junta.
Oh mi amada Francisca, ármate de valor, no te rindas. Estimo que llegaremos a fines de junio y no nos llevará más de otra treintena poder escaparnos del estigma realista. No es longevo el tiempo que nos separa de nuestra nueva vida.
Milagroso el día que nos encontremos, tú vestida elegante de blanco y yo simple, ya sabes, como paisano. Tu clase y tu deber nunca concordaron con el amor que me diste. El peso de tu familia nunca inclinó la balanza en mi contra. El prestigio de tu apellido no se avergonzó de mi origen y la conocida relación de tu padre, gobernante y militar de alto rango, con Liniers no permitió que se repriman tus ideas y pensamiento sobre la nueva América.
Francisca, mi rebelde aristócrata, la Revolución ha comenzado, el deseo de justicia y el amor la han engendrado.
Por un breve instante sentí un rugido interno. ¿Podría ser real?, ¿sentía hambre? La ilusión duró poco tiempo, el solo pensar me recordó que no volvería a suceder de nuevo. Otra vez la sensación, el hundimiento en el pecho, intente contener las lágrimas pero no se puede domar un río inquieto. Solo dejé que siga su curso, no pude evitar exponer el dolor que llevo dentro.
Recuerdo la libreta, el relato, sigo sin entender la forma en que me había atrapado y mucho menos como llego a mis manos.
4 de junio de 1810
Tierra Nueva y Libre de las Américas
El viaje es largo, agotador y con semejante compañía exclamo: ¡Inhumano! El joven Lavín no cesa con sus reclamos ante la realidad que estamos atravesando. Cada palabra suya en contra de la Revolución es un insulto, más indigno de su condición nativa. Por momentos considero que no voy a tolerarlo pero si es por ti, Francisca, será un mal que debo afrontarlo.
Si tan solo, amada mía, vieras mis expresiones al oírlo entenderías la ignorancia de este muchacho que no percibe en mi mirada la falsedad de mi acatamiento.
16 de junio de 1810
Tierra Nueva y Libre de las Américas
El viento seco golpea mi rostro, maltratado por un sol incandescente. Mis manos con ampollas aferradas a la montura de mi incansable yegüita lobuna. Mis labios resquebrajados y mi mirada caída. Adelante Lavín en silencio, cabalgando entre las llanuras. El viaje se ha hecho largo y esta escena que escribo lo ha demostrado.
28 de junio de 1810
Tierra Nueva y Libre de las Américas
Ya tan solo un par de días, mi querida Francisca, para nuestro esperado encuentro. Anoche Lavín mencionó que el 30 llegaríamos y nos recibiría en su casa el deán Funes, un fiel creyente y devoto de la corona española. Compartiremos las noticias de lo sucedido días atrás en Buenos Aires y nos darán refugio y alimento. Nos permitirán descansar para luego seguir los planes del héroe de la reconquista. Será ahí que iré en tu búsqueda, amada mía, para que cabalguemos juntos hacia el norte con los gauchos, tierra segura sin influencia realista.
4 de julio de 1810
Tierra Maldita
No puedo expresar el dolor que me atraviesa. ¡Maldita y maldita cien veces más sea esta tierra!
Demonios los que conviven en las conciencias de estos hombres, que aun siendo su hija la fusilaron. Predomina la ideología por la sangre y dudo que esta maldición acabe algún día.
Llegué el día 30, como había prometido, querida amada mía, para encontrarme contigo.
Poco duró la ilusión y pronto invadió la desesperanza cuando fui a tu encuentro y solo encontré las cabezas gachas.
El deán Funes no permitió que se notara mi descontento, fue el primero y único en advertirlo. Me llevó a una habitación apartada y me explicó lo sucedido. Se sinceró conmigo y expuso sus ideas revolucionarias y su plan de entrometido.
Mencionó que las “malas noticias viajan más rápido que a caballo” y que ya se comentaba de la destitución del virrey Cisneros, la formación de una junta independiente y la exclamación soberana. Dijo también que las aguas estaban turbulentas y la transparencia de Francisca no pudo ser obviada. Fue por orden de Liniers que sea fusilada. Al gobernante padre le dolió hacerlo pero la ideología es más fuerte que cualquier sentimiento.
Vida y muerte conviven al mismo tiempo, está naciendo la Patria pero en llanto despido a mi amada.
Me la han quitado y con ello me arrebataron la vida mía. Ya nada tiene sentido, ya no hay fuerzas, ya no hay causa por la que pelearía. Pero también es por ella y por mi tierra querida que debo recuperar la valentía.
Martín Peñalosa
La destacada caligrafía había desaparecido, ya no quedaban líneas por leer, el desenlace del relato se volvió humo. La historia de un pasado al que le quitaron su futuro.
Dos realidades, un único momento. Mientras el ambiente externo está en silencio, dentro mío hay una explosión de sentimientos.
De repente, la mente en blanco. Solo una palabra me tiene atento. Poseído por la profundidad del suceso tomo el primer lápiz que encuentro. La libreta en mis manos, debajo del “Martín Peñalosa” escribo, aunque no estoy seguro de ser yo quien lo esté haciendo.
Sentado en el mismo lugar, por horas estuve escribiendo. Mientras levanto la libreta entre mis manos, sinceramente no entiendo qué ha pasado.
Leo la primera palabra escrita, la misma que por horas mi mente ha dominado “Puentes” y me queda claro, lo que estoy viviendo yo otros también lo han pasado.
El resto del relato que he escrito no es más que todo lo que he vivenciado. Creía que nadie me iba entender por eso nunca había hablado pero ahora todo es diferente, necesito de lectores que tengan esta libreta en sus manos.
Recuerdo a mi compañero, tranquilo y en sabio entendimiento y la sensación que yo tenía en relación a nuestro encuentro ya no existe, murió en silencio.
Liberosis
Mientras regreso a mi apartamento, el sol va saliendo. Su amanecer es diferente a los que venía viviendo.
El calor sincero de los primeros rayos me arropa como una madre devota, el camino es largo pero la vida corta.
Acompaño al día en su festejo, hubo un cambio en mí, en lo que pienso y también en lo que siento.
La sensación es extraña, como marinero despreocupado y… tentado por la aventura navego en un mar inquieto buscando la palabra aunque no hay apuro alguno en encontrarla. Si la gran ballena blanca aparece, es solo para congraciarla.
Mientras manejo relajado por la ventana el paisaje voy viendo. Por primera vez en mucho tiempo no tengo el sentimiento de vivir sin estar viviendo.
A lo lejos veo una figura extraña, asomada a la ruta y agitada. Mientras más me acerco mejor lo entiendo. Es una mujer con su brazo en alto esperando que un alma se apiade de su cansancio.
Posiblemente en otra instancia la hubiera obviado pero esta vez decidí, casi como quien lo hubiese analizado, parar e invitarla a subir a mi auto.
Su extrema confianza me incomodó solo un rato. Entendí que esta mujer tenía experiencia de vida, esa vida a la que aún no me atrevía. Aún faltaba camino, la ruta es larga, el paisaje y la mañana invitan e inmediatamente ambos entendimos que estábamos en buena compañía. Ella no simplemente hablaba y yo tampoco simplemente oía, no, era más que eso. Ella se expresaba y yo la comprendía. Ella me animaba y yo me reía. Ella me enseñaba y yo aprendía. Ella ya había sentido lo que ahora yo sentía.
Paramos en una estación a un costado del camino. Un merecido y breve receso por todo lo recorrido.
Cuando decidimos partir me sorprendió como de su mate me invitaba, además del budín de naranja que ella misma cocinaba pero no me sorprendió más que lo que eso generaba, mi estómago cantaba. ¡Al fin esas ganas sinceras de comer que tanto necesitaba!
En un momento, mientras acomodaba su bolso, noté que un libro asomaba. Era de color negro y estaba bien cuidado, mas lo que resaltaba era su título dorado “El hombre en busca del sentido”.
No resistí la tentación a preguntarle sobre el tema que trataba y no fue mucho el esfuerzo que debí hacer para que ella emocionada me lo contara.
Relativo es el tiempo, misterio no resuelto, que en un momento impensado el camino no resultó ser tan largo. Ya nos encontrábamos en zona céntrica y ella en una plaza arbolada se había bajado. Su nombre quedará grabado, fue ese último empujón para la ilusión haber recuperado.
De nuevo en mi departamento, lo veo y no puedo creerlo. ¿Cómo pudo haber pasado tanto tiempo sin que notara como estaba viviendo? Más que vivir, solo estaba sobreviviendo.
Lo primero que hago, lo limpio y ordeno y cuando ya estaba más que presentable vuelvo a verlo. La expansión su punto había colmado y ahora ese gran universo cabía en la palma de mi mano. Este Big Bang mucho trajo, porque siempre siempre como es arriba es abajo.
Serendipia
Me preparo una infusión, un té más bien, hacía mucho que no tomaba aunque no sé muy bien por qué. Creo que el fantasma del recuerdo en parte ahí convivía pero ya no es más que una rica y caliente bebida.
“El hombre en busca de sentido” vuelve a la escena central de mi pensamiento, todas las neuronas concentradas ante este gran evento, esperando que el sentimiento aparezca en un dueto. No, ahora el protagonista es puramente el razonamiento.
El brillo de su nombre recuerdo y en todo lo conversado pienso. En él autor del libro y su iluminado texto.
Luz se llamaba, la que con su compañía y libro me había iluminado. Una imagen Kantiana se desarrolla al frente mío, no puedo, ni quiero evitarlo.
Una frase cobra vida y crece dentro de mí decidida. Estas palabras descubrieron la salida y son estas mismas las que terminarán de cerrar la herida.
A una persona le pueden robar todo, menos una cosa, la última de las libertades del ser humano, la elección de su propia actitud ante cualquier tipo de circunstancias, la elección del propio camino (Viktor Frankl).
Pienso…
Nunca le ganarás al tiempo. Siempre llegarás tarde si persigues un pasado y siempre te quedarás esperando si condicionas un futuro.
El concepto de finitud es lo que hace a la vida, lo que nos hace. La posibilidad de una última vez es lo que enciende la llama y la realidad de lo que fue lo que permite que esta no se extinga.
El pasado va doler, sí, pero ese dolor es el que te recordará que estás vivo y ese recuerdo te mostrará lo mucho que has aprendido, aprendizaje que abrirá las puertas de un nuevo futuro para que no seas esclavo de aquél que nunca, nunca, hubiera sido.
Afuera estaba oscureciendo, pero esta vez era solo externo…
Si este relato te conmovió, compartilo.
Tal vez alguien, en algún lugar, también lo necesite hoy.
